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10 de Octubre: El comienzo de una gesta

10 de octubre de 2017 5:32
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Cuentan que aquella mañana, Carlos Manuel de Céspedes llevaba revólver a la cintura; sus palabras también venían en son de guerra. Era el 10 de octubre de 1868, y desde el portal de la casona del ingenio La Demajagua, miró fijamente hacia la Sierra Maestra: “Ciudadanos, ese Sol que veis alumbrar por la cumbre del Turquino viene a alumbrar el primer día de libertad e independencia de Cuba”.

Desde la noche anterior, la bandera, cosida por Candelaria Acosta, ya recorría el batey para anunciar la épica por venir. Como los enviados de Céspedes vieron tronchada la posibilidad de adquirir la tela en Manzanillo debido a los controles enemigos, la hija del mayoral de la finca le aseguró al rico hacendado que confeccionaría el estandarte con las telas de sus vestidos.

Centenares de hombres habían acudido al llamado de Céspedes, quien decidió adelantar el inicio de la gesta independista, cuyo comienzo estaba fijado para el 14 de octubre de ese año.

Es oportuno recordar la reunión del 4 de agosto de 1868 en San Miguel del Rompe, hacienda de Las Tunas, donde los patriotas dialogaron acerca de la organización y fecha de inicio de la gesta. “El poder de España estaba carcomido y caduco. (…) Por más de tres siglos lo contemplamos de rodillas”, manifestó Céspedes, quien expuso que, ante la carencia de armas, había que quitárselas al bando español.

El 3 de septiembre los organizadores se vieron las caras otra vez; pero en la finca Muñoz, en Las Tunas, donde los asistentes hablaron de empezar la contienda una vez finalizada la zafra azucarera 1868-1869; sin embargo, luego determinaron convocar el alzamiento para el 14 de octubre.

Conocidos los preparativos, el Capitán General envió un mensaje por telégrafo a Bayamo el 7 de octubre a través del cual ordenaba la detención de Carlos Manuel de Céspedes, Francisco Javier de Céspedes, Bartolomé Masó, Francisco Maceo Osorio, Francisco Vicente Aguilera, Perucho Figueredo, entre otros patriotas.

Al tanto de esta comunicación estuvo Ismael de Céspedes, hijo de Francisco Javier y sobrino de Carlos Manuel, a quienes informó de lo que sucedía. Inmediatamente, el propietario del ingenio La Demajagua convocó una concentración en su batey con el propósito de iniciar la contienda independentista.

Ante los allí congregados el 10 de octubre, Carlos Manuel dio a conocer un manifiesto en nombre de una Junta Revolucionaria Cubana, donde exponía las causas principales del alzamiento, entre estas el despotismo de los gobernantes españoles (“España gobierna a Cuba con brazo de hierro ensangrentado”), la privación de todo tipo de libertades incluida la de pensar y los excesivos impuestos.

Este documento, considerado el programa de la Revolución del 68, plantea que “Cuba aspira a ser una nación libre y civilizada para tender un brazo amigo y un corazón fraternal a los demás pueblos”.

Al comentar este manifiesto, el doctor Oscar Loyola Vega señaló: “(…) desde sus mismos inicios, los combatientes anticolonialistas se plantean una sólida gama de transformaciones sociales que, como sucede en toda revolución verdadera, se intensificarían y ampliarían a lo largo de la propia revolución”.

El mencionado historiador y destacado pedagogo cubano también ha reflexionado en torno a la importancia de la Guerra de los Diez Años: “(…) fue una revolución social de amplísima envergadura, que conmovió los cimientos de la sociedad cubana y, aunque no culminó con la creación de un Estado nacional diferente del español, marcó definitivamente los derroteros insulares futuros. Sin demeritar los éxitos militares, debe decirse que el proceso histórico conocido como «el 68», entiéndase por ello todo lo acontecido en diez años de vida nacional, constituyó una revolución de especial trascendencia histórica”.

Fuente: radiosanctispiritus.cu

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