¿Como en un deja vu?

28 de noviembre de 2013 20:56

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Camagüey.- Quizás resulte como en otras historias que todos hemos visto al menos una vez en el cine deportivo: un equipo se sobrepone a mil tropiezos y al final alcanza el triunfo. O quizás no. La respuesta depende de los quintetos de Camagüey y Guantánamo, que desde ayer se enfrentan en un compromiso vital para los primeros; un compromiso en el que se juegan la Liga.

Los pupilos de Leonardo “el Lobo” Pérez no tienen márgenes para el tropiezo. Con balance de 14 victorias y 12 derrotas, su cierre del calendario no pudo entrañar mayor dramatismo. Hasta el último de los cotejos contra Matanzas la posibilidad de quedar fuera de la zona de clasificación fue una amenaza bien tangible, pero el peligro aún no ha sido conjurado.

Camagüey está obligado a ganar par de encuentros ante la representación guantanamera para redondear los 44 puntos que le aseguren el cuarto pasaje en el tren semifinalista. No existe ninguna otra alternativa, pues la barrida de Artemisa sobre Santiago de Cuba colocó a la nave occidental en la más firme posesión del tercer boleto (44 rayas, 16-12) y dejó a los indómitos (43 unidades) a la expectativa de cualquier tropiezo protagonizado por los camagüeyanos.

En sus desafíos de la presente temporada los Halcones cosecharon tres éxitos a costa de Camagüey, por lo que se debe descartar toda opción que implique al menos un revés a manos de los del Guaso.

Ese objetivo no tiene nada de imposible para los muchachos de la camiseta “rayada”, aunque hace algunas semanas cayeron dos veces en la sala Rafael Castiello. Quien conoce de baloncesto sabe que aquellos resultados tuvieron muy poco que ver con las condiciones y posibilidades de ambos conjuntos. A lo anterior se suma el hecho de que Guantánamo no alberga ya las más mínimas aspiraciones clasificatorias.

Las victorias esperadas por especialistas y aficionados pudieran servir como feliz culminación de una etapa clasificatoria que casi nadie hubiera podido predecir. Ni en los pronósticos más liberales se incluía el que a estas alturas selecciones como Artemisa y Santiago de Cuba estuvieran disputándose asientos entre los cuatro grandes.

Sin embargo, el juego es así, y con selecciones de no muchas luces pero sí abundante combatividad, esos elencos supieron hacerle frente hasta a las “vacas sagradas” de Capitalinos y Ciego de Ávila.

Para Camagüey la lección está clara. En lo inmediato, el equipo deberá apelar a su propio estilo de juego, eliminando los errores que todavía lo afectan en las cercanías del tablero. Sin una recuperación más efectiva de balones y mayor agresividad a la defensa, no se puede ganar. Al menos no en el baloncesto moderno. Entre los pendientes quedan también los tiros allende el perímetro y desde la línea de los suspiros.

A más largo plazo, la demanda es una sola: incrementar la captación. Figuras noveles como Keiler Cala y el debutante Yorman López demuestran que entre las categorías inferiores pueden encontrarse no pocos talentos. Hacerlo, va siendo una urgencia cada vez más apremiante, sobre todo ante el ascenso de nuevos y viejos rivales, y las exigencias de un calendario competitivo extenso, que obliga a disponer de buenos bancos.

La posibilidad de continuar sobre la cancha se discute hasta hoy en la “Fortún”. Depende de los Tigres. En sus garras está que todo termine o que sea posible el milagro de poder incluirnos en la postemporada. La afición aguarda para postergar aspiraciones medallistas o―como en un deja vu del mejor filme deportivo―celebrar lo que parecía imposible.

Fuente: adelante.cu

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