Israel insiste: “el acuerdo con Irán es un gran error”

27 de noviembre de 2013 19:31

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Israel insiste: “el acuerdo con Irán es un gran error”

Aislado casi a escala internacional, el gobierno de Benjamin Netanyahu rechaza con fuerza el pacto de Ginebra.

Si bien la reacción negativa del gobierno israelí al acuerdo sobre el programa nuclear de Irán era de esperarse, su intensidad pone de manifiesto el aislamiento creciente del Estado israelí respecto del consenso diplomático internacional y la degradación continua de las relaciones entre Israel y Estados Unidos. Sin embargo, una evolución de este tipo corre el riesgo de entrañar consecuencias nefastas para otro tema considerado prioritario en Washington: el proceso de negociaciones entre israelíes y palestinos.

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu salió al paso de los comentarios que saludaron el compromiso asumido el sábado en Ginebra, y en especial la afirmación del secretario de Estado de EU, John Kerry, para quien el pacto “hará el mundo más seguro”: “No es un acuerdo histórico, es un error histórico”, destacó el domingo Netanyahu: “Hoy, el mundo se ha vuelto más peligroso porque el régimen más peligroso del mundo superó una etapa significativa para obtener el arma más peligrosa del mundo”.

Por primera vez, dijo también que “las grandes potencias aceptaron que Irán enriquezca uranio”. Las sanciones internacionales “fueron levantadas a cambio de concesiones cosméticas de Irán, las cuales pueden ser anuladas en algunas semanas”. El Estado israelí, reafirmó Netanyahu, “no está vinculado” por este acuerdo y además “tiene el derecho y la obligación de defenderse por sí mismo contra cualquier amenaza”.

Esta alusión transparente a la eventualidad de un recurso a ataques militares contra Irán no es una sorpresa. Tal amenaza fue reafirmada muchas veces por Netanyahu, y si bien el domingo varios líderes políticos de la derecha israelí declinaron referirse a ella, ésta ha perdido credibilidad.

Mientras que el presidente Barack Obama calificó el acuerdo de Ginebra como una “primera etapa importante”, y se comprometió en un proceso de negociaciones de seis meses con Teherán con vistas a un acuerdo final, Israel, salvo que quiera correr el riesgo de ser denunciado por el conjunto de la comunidad internacional, ya no puede seguir cabalgando solo adoptando una estrategia guerrerista. Tal escenario podría recuperar su vigencia dentro de seis meses, pero en lo inmediato está caduco: el gobierno israelí está lejos de tener una postura unánime respecto a qué hacer frente a Irán, y nada indica que los jefes del ejército y de los servicios de inteligencia sean hoy más favorables a la opción militar que hace seis meses.

Para Netanyahu se trata de un fracaso personal: incluso si Israel, que desde hace más de tres años viene agitando el recurso a la opción militar, tuvo su parte de responsabilidad en obligar a Teherán a hacer concesiones, al final el compromiso de Ginebra ignoró su papel de Casandra. Más grave: Washington demostró que, en este tema crítico, sus intereses estuvieron por encima de los de su mejor aliado estratégico en Oriente Medio.

Pero el aislamiento del gobierno de Israel no es lo más relevante. Netanyahu está confrontado a dos estrategias: puede usar como pretexto la actitud de EU para devolverle la moneda a Obama y rechazar cualquier concesión en el marco de las negociaciones con los palestinos. Pero también puede escuchar los consejos que le prodigaron el domingo el presidente israelí Shimon Peres y diversos expertos, entre ellos Amos Yadlin, director del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Tel Aviv. Ambos, así como los responsables de los partidos centristas, insisten en la necesidad de retomar el diálogo con Washington basado en la confianza.

En ese sentido, Obama llamó por teléfono a Netanyahu el domingo para proponerle que EU e Israel “inicien de inmediato consultas en relación con los esfuerzos para negociar una solución global” sobre el problema nuclear iraní.

Numerosos expertos y analistas han recordado hasta qué punto el apoyo de EU es importante para Israel. Uno de los más respetados, Nahum Barnea, resumió así las cosas en el diario Yediot Aharonot: “Sin él, somos Popeye sin espinacas, Superman sin su capa…”.

Fuente: milenio.com

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