Mandela echó su suerte con los pobres de la tierra

7 de diciembre de 2013 0:27

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La historia no excluye lo fortuito. Cuando pasen los años y los siglos, no dudo que muchos en el mundo se preguntarán cómo pudo ser posible que en un mismo año, el 2013,la humanidad sembrara para siempre a dos líderes de la estatura de Chávez y Mandela.

Uno siente el orgullo de haber sido su contemporáneo porque ellos son de esos timoneles insólitos que por su química especial, se implantan en el corazón de los demás. A Chávez lo vi de cerca en el Plaza del Che,cuando nos conmovió con su Aló Presidente.

De Mandela disfruté estando en Angola, su salto invicto hacia la libertad en aquel febrero del año 1990. Fue esa tierra africana la que posibilitó su liberación con la victoria de Cuito Cuanavale, donde se fundió la sangre de cubanos, angolanos y namibios. No tuve la dicha de verlo de cerca como a Chávez,pero lo sentí cercano desde niño cuando ya admiraba al héroe en su oscura celda,donde sus captores pretendían que su vida concluyera con la sentencia de cadena perpetua, mientras inspiraba a escritores, poetas y cantores por diversas latitudes.

Recuerdo nítidamente su presencia en aquel acto del 26 de julio de 1991 en Matanzas, a escasos meses de recuperar su libertad y cuando Cuba se disponía a enfrentar el período especial.Fue cuando Fidel nos dijo “¡Cuán lejos hemos llegado los esclavos!” Y agregó que si se quería “tener el ejemplo de un hombre absolutamente íntegro... de un hombre inconmoviblemente firme, valiente, heroico, inteligente, capaz, ese ejemplo y ese hombre era Mandela”.

El gran líder africano logró enardecernos cuando afirmó que “el pueblo cubano ocupa un lugar especial en el corazón de los pueblos de África” y se preguntaba “¿Qué otro país puede mostrar una historia mayor de desinterés que la que Cuba ha escrito en sus relaciones con África?”

Nelson Mandela ha muerto en el clímax de la gloria, reconocido por la humanidad entera, incluso por los enemigos de ayer.

Fue un hombre extraordinario con pensamiento inclusivo. Sabía perdonar aunque no olvidara. Pero sabía también quiénes eran sus amigos verdaderos, como los cubanos que jamás le fallamos,cuando otros lo acusaban de terrorista. La historia está ahí y no puede borrarse.

Una vez dijo:“En la cárcel me preocupaba ser considerado un santo que nunca fui, incluso si se define a un santo como un pecador que sigue intentándolo".

Debemos recordarlo como al líder que trasciende su época,porque como él mismo dijera recordando Martí,“echó su suerte con los pobres de la tierra”.

Fuente: cmhw.icrt.cu

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