Turquía, más afuera que adentro de la Unión Europea

17 de septiembre de 2017 8:02

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Las relaciones entre Turquía y la Unión Europea no pasan por su mejor momento. El descontento de Bruselas con las políticas de Ankara en los últimos tiempos terminó por materializarse cuando la canciller Angela Merkel, en plena campaña electoral, dio un giro respecto a su posición histórica.

Ante el Parlamento de su país, dijo que se deberían suspender o dar por finalizadas las negociaciones para que Turquía ingrese al bloque.

Las palabras de Merkel, una de las aliadas incondicionales de Turquía en los últimos años, cayó como un balde de agua fría en este país de mayoría musulmana. El gobierno de Recep Tayyip Erdogan salió al cruce diciendo que su país era víctima del "populismo electoral" europeo y las posturas "anti-Turquía" de sus gobernantes, a los que llamó una vez más de manera indirecta "nazis" y "fascistas".

Esta disputa llega luego de varios encontronazos en los últimos meses. El presidente francés Emmanuel Macron, consultado recientemente sobre si trataba de ser un presidente "cool", dijo que no era nada "cool" hablar por teléfono con Erdogan cada diez días.

El guiño hacía referencia a los franceses detenidos arbitrariamente en suelo turco desde que asumió, lo que lo obligó a comunicarse con su homólogo turco para que sean liberados.

Pero Francia no fue el único. Italia, España, Holanda y Suecia son algunos de los países que tuvieron que lidiar en los últimos meses con el creciente autoritarismo del régimen turco.

Si bien casi todos ellos lograron que sus ciudadanos detenidos fuesen liberados y deportados, con Alemania el gobierno turco parece haber hecho oídos sordos: el periodista alemán de origen turco Deniz Yüzel fue detenido en febrero y, a pesar de las presiones de grupos de derechos humanos, el gobierno alemán y la propia Merkel, las autoridades turcas no cedieron.

Las palabras de la canciller son una muestra elocuente de que Berlín ya perdió la paciencia.

Distintos analistas señalan que este tipo de detenciones son utilizadas por el gobierno de Erdogan como un intercambio de rehenes para que Bruselas cumpla con sus pedidos.

El gobierno turco está descontento con el bloque europeo y varios de sus miembros –principalmente Alemania y Grecia– fueron el refugio de periodistas, artistas, académicos y activistas que el gobierno acusa de delitos vinculados al terrorismo, así como también de militares golpistas que huyeron luego del fallido intento de golpe de julio de 2016 para evitar las severas penas en su contra.

Otro de los capítulos recientes en el deterioro de las relaciones fue el llamado de Erdogan a los ciudadanos turcos en Alemania a no votar por Merkel al líder socialdemócrata, Martin Schultz, ni a los Verdes. "Ellos son enemigos de Turquía", dijo en agosto.

Estas palabras fueron interpretadas por el gobierno alemán como una injerencia en sus propias elecciones, ya que en el país viven cerca de cuatro millones de turcos, de los cuales un millón tienen derecho a voto y cuya mayoría respalda a Erdogan.

Más allá de los discursos, la medida que más molestó a Europa fue la detención arbitraria de sus ciudadanos en suelo turco.

El estado de emergencia vigente desde el fallido intento de golpe de estado permite a las autoridades detener a personas sin necesidad de orden judicial ni sentencia por hasta tres meses como medida preventiva.

Pero en muchos casos, como en el del periodista Deniz Yüzel, ni tras el vencimiento de este plazo fueron puestos en libertad.

Uno de los casos emblemáticos es el de los llamados "10 de Estambul", un grupo de activistas de derechos humanos detenidos en julio por las autoridades en la isla Büyükada mientras asistían a un seminario.

De las diez personas presentes, ocho siguen encarceladas sin que se sepa por qué.

Las autoridades los acusan de "colaborar con una organización terrorista sin ser parte de ella", pero sin mencionar con cuál colaboraron ni cómo lo hicieron. Decretaron secreto de sumario.

Entre las denuncias realizadas por sus defensores sobre la irregularidad del proceso, están las condiciones en que fueron encarcelados los activistas, a los que obligan a hacer sus peticiones en turco a pesar de que no hablan la lengua y que tienen limitada la visita de sus abogados a una hora semanal.

Turquía había comenzado el proceso de adhesión al bloque en 2004. Ese mismo año también lo hizo Croacia. Trece años después, este país ya forma parte de la Unión Europea, pero Turquía tampoco no avanzó demasiado.

Las exigencias del bloque son varias y no son menores. Entre ellas se encuentran la liberalización del comercio, pero también el apego a los estándares en derechos humanos de la UE y el levantamiento de la ocupación militar en Chipre del Norte.

A simple vista, parecería que las diferencias son abismales, pero el entretejido de intereses entre el bloque y este país euroasiático van más allá de las apariencias.

Ambos forman parte de la OTAN, y tanto geográfica como militarmente el territorio de Turquía es un punto clave de acceso por aire, tierra y mar a otros países de la región.

La Unión Europea no puede darse el lujo de perder este aliado clave en el ámbito militar y en la lucha contra el terrorismo.

Un apecto clave de la relación Turquía-UE es el de la migración: en territorio turco hay 3 millones de refugiados sirios y Merkel incluso impulsó el acuerdo entre el bloque y Ankara para que ese país siga recibiéndolos a cambio de un pago billonario de Bruselas.

Pero además Turquía es el cuarto destino de las exportaciones europeas y el quinto país en importaciones.

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Fuente: elobservador.com.uy

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